Salir del espejo
En una vieja película de aventuras de aquellas cuyos colores salpicaban la butaca, acontecía la siguiente secuencia: Un sultán se dispone a lanzar un reto a un cruzado cristiano que se hallaba detenido en su palacio. El reto consistía en averiguar cual de las dos espadas tenía el hierro más afilado. Ambos aceptan las condiciones. El cruzado desenvaina su pesada arma y de un brutal y contundente tajo rompe por la mitad una gruesa barra de hierro que sujetaba un gran candelabro. A continuación, el árabe desenvuelve la cintura de una bailarina, despojándola de su velo y lanzándolo al aire. Mientras la seda desciende lenta y suavemente, el sultán alza su cimitarra manteniéndola inmóvil y esperando a que el velo roce el filo en su caída. Cuando este simplemente lo acaricia, se parte en dos.
Entonces, el musulmán se dirige al cristiano diciéndole:
-“Tu me has demostrado la fuerza de tu brazo, no lo afilada que estaba tu espada”.
Los cuentos árabes, al igual que los boleros; casi siempre tienen razón. ... [+ info]
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