Muy pronto !!!!!!


rosa Santos en facebook
 

Naturaleza muerta


Naturalezas muertas ( o no tan muertas)

Que la muerte está muy viva. O incluso que hay mucha vida mas allá de la muerte (léase sin ningún sentido transcendente), son dos conclusiones que aventuro pueden ser coincidentes entre quienes tengan la oportunidad de enfrentarse a esta serie de obras recientes de Mavi Escamilla.

Que el pasado no deja de existir. O incluso que nuestros pensamientos nunca mueren y se mantienen vivos, nos lo demuestra esta exposición en la que confluyen -con la afortunada madurez que algunos adquieren con los años -los elementos sustanciales de su trayectoria, tanto en el plano conceptual: el amor, el poder, la ambición, la violencia, la codicia; como temático/figurativo: la calavera, el dólar, el corazón, la pistola, las flores; incluso en un plano material: el blanco y negro, las ceras, el dripping.


Que el presente -ese instante fugaz siempre devorado por el pasado- no deja de ser futuro. O incluso que lejos de ser individual también es colectivo y puede llegar a ser universal, son ideas que no me abandonan cuando contemplo esos cuadros radicalmente individuales (Mavi Escamilla en estado puro) que nos plantean cuestiones y problemas recurrentes y persistentes en su memoria de artista sin fisuras. Eternos relatos colectivos en la historia de nuestro devenir social, económico y político.

Que la belleza no es delicada. O incluso que las obras y las cosas pueden ser brutalmente hermosas, ha sido y es algo evidente en el trabajo creativo de esta artista sin concesiones hacia lo decorativo, lo amable, lo fácil, lo acomodaticio.



La condición necesaria, –esencial- de cualquier lenguaje poético es que el “qué” es inseparable del “cómo”. Sin embargo, en nuestros afanes explicativos, no dejamos de separar estos dos planos (continente y contenido que dirían los lingüistas) para adoptar un veredicto final en el que suele predominar unas veces el “qué”, otras el “cómo”. En esta serie última de Mavi Escamilla, existe una sólida articulación entre decir y hacer, entre pensamiento y obra, entre planteamientos y soluciones, entre la artista y sus pinturas. Desde esa innegable coherencia, su oficio de pintar adquiere esa doble dimensión del oficio (de trabajo impecablemente resuelto) y del oficiar (de realizar una actividad que trasciende su propia materialidad procesual).

Que la naturaleza muerta también es still-life (aún-viva) queda patente, con creces y cruces, en estas obras. Sin ser inglesa ni anglófila, Mavi Escamilla logra hacernos sentir la vigorosa belleza de sus naturalezas no tan muertas.

Estoy seguro que su recuerdo anidará en nuestras cabezas y las imágenes -hijas pródigas de estos dibujos- seguirán animando nuestros pensamientos por mucho tiempo. ¡Quien sabe si para siempre!

 

Juan Bautista Peiró

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