Greta Alfaro

El cataclismo nos alcanzara impávidos

Vie 30 Octubre - Vie 18 Diciembre, 2015

DÉPENSE, PRODUCCIÓN, DESEO Y CATÁSTROFE en torno a la diatriba de Greta Alfaro: El cataclismo nos alcanzará impávidos

 

Podría suceder que las formas de la sensación voluptuosa revelasen una conexión a la vez secreta y trágica con el fenómeno antropomorfo de la economía y los intercambios

Pierre Klossowski

Sabemos que la catástrofe se producirá, pero no creemos lo que sabemos

Jean-Pierre Dupuy

 

Hominem te esse cogita[1]

(Piensa que eres hombre)

El cataclismo nos alcanzará impávidos reúne diversas fotografías de naturalezas muertas, una instalación con teléfonos móviles y la proyección, como elemento central, de un video de media hora de duración, que fue realizado por Greta Alfaro durante su estancia en la Academia de España en Roma como parte de una investigación en torno a la iconografía del martirio.

 

En el desarrollo de dicha investigación se convirtió en centro de interés un elemento de la doctrina martirial de la Contrarreforma que podía sentirse como un discurso extrañamente presente: la manera en que el inmolado debe asumir el castigo. Una apología del gesto indiferente durante el sacrificio que reclamaba como complemento necesario la injusticia, la arbitrariedad y la violencia en el ejercicio del poder. De ahí el título de esta exposición–El cataclismo nos alcanzara impávidos–una adaptación del verso, impavidum ferient ruinae,[2] que, en tanto que ejemplo del ideal estoico, fue tomado por el discurso martirial barroco como emblema de la actitud ejemplar del mártir. Por otro lado la anécdota que sirve como excusa al proyecto encuentra una inspiración lejana en la leyenda de Santa Anastasia.[3] Finalmente, toda la imaginería de la puesta en escena de este proyecto está tomada de la tradición holandesa del bodegón. Greta Alfaro compone rigurosamente un pronkstilleven[4]  barroco con la estructura compositiva y los símbolos que le son propios: las velas consumiéndose, que aluden a la fugacidad de la vida, el limón pelado como la amargura de la existencia descubierta detrás de oropel, las flores… la cuidada escenografía de un copioso banquete, una puesta en escena al servicio de una profanación, de la irrupción extraña, irreverente, obscena y desatada del deseo; una teatralización sin progresión dramática, sin final, una carnavalización paródica y trágica que, cuidadosamente filmada, convierte la “pintura” en una diatriba, hermosa y a cámara lenta, sobre el deseo y su vinculación al totalitarismo de la mercancía[5].

 

Pero esta no será la única profanación, no solo naturaleza y materia son aquí ultrajadas, también la imagen misma de la profanación es a su vez profanada.  Se establece así un juego de espejos y se complejiza una estructura de metalenguaje en la que se habla de lo barroco desde un lenguaje barroco y de la imagen desde la imagen. La cuidadosa producción del video principal exhibe su tramoya desde la perspectiva de las “testigos”  que, situadas en una segunda escena al fondo de la acción, registran en un móvil el suceso. Este video, realizado, editado, transmitido y exhibido en móviles, remite al debate sobre las posibilidades de producción democrática, acceso y creación de discurso que promete la imagen pobre, y a su condición de testimonio de la catástrofe, tanto como a su naturaleza de imagen bastarda y menor, de verdad relativa y objeto de consumo. La dialéctica entre la proyección video central y los móviles participa del problema sobre el actual estatuto de la imagen.

 

En cualquier caso parece natural preguntarse qué sentido tienen estas relaciones: ¿Por qué traer la iconografía barroca al presente? ¿Qué nos dice esta representación ritualizada de una transgresión? ¿Sobre qué nos interpelan las imágenes de El cataclismo nos alcanzara impávidos?

En mi opinión hay cuatro aspectos (indisociables) que nos acercan a la perspectiva desde la cual este proyecto nos mira: 1/ La actualidad de lo barroco; 2 / La potencia simbólica de la “naturaleza muerta” 3/ La dépense (el derroche, gasto o dispendio del que habla Bataille) 4/ La catástrofe y la indiferencia.

 

1/ La actualidad de lo barroco

Las reflexiones sobre la noción de barroco como forma de aproximación al presente, realizadas desde el análisis de su lógica, su ethos, o su resonancia, se han ido intensificando (controvertidamente) desde la segunda mitad del S. XIX.[6]  En el S. XX, es a partir de la década de los sesenta cuando las críticas al sistema capitalista, a la cultura de la imagen y una reflexión radical sobre la cuestión de la representación establecen una correspondencia entre nuestro tiempo y la noción de barroco, orientada a avanzar en la búsqueda de una comprensión estética de la realidad.[7]  La guerra, los conflictos entre naciones, la retracción económica, la ruptura de un proyecto civilizatorio, las crisis epistemológica y social y los trastornos que esta produjo, forzaron a los poderes de la Contrarreforma a producir un aparato de represión física y de penetración en las conciencias, una máquina semiótica, un vasto aparato de propaganda y de control del imaginario. La condición de crisis y la centralidad de la imagen espectacular en el mantenimiento de un poder soberano parecen establecer un puente entre la sociedad del XVII y el presente.[8]

Cabría pensar que si las éticas de la representación barroca y actual presentan paralelismos en cuanto a la voluntad de control de la producción simbólica, también podrían hacerlo en lo que se refiere a la posibilidad de una desobediencia a la “cultura de estado”.

 

2 / La potencia simbólica de la “naturaleza muerta”

El bodegón barroco holandés fue perdiendo progresivamente su condición de vanitas. A pesar de la máscara de discurso moral, teóricamente propuesta para la pintura doméstica y destinada a contener el ansia consumista, lo cierto es que lo evidente en un pronkstilleven es la celebración de la abundancia, el triunfo de la ostentación del bien material. La representación de toda esa producción de objetos les otorga a los mismos sentido y significación; configura un mundo simbólico. Producir, representar, y consumir objetos es producir, representar, y consumir significaciones. La disposición en un banket de productos crudos y cocinados, de elementos provenientes tanto de la naturaleza (frutas silvestres, caza, etc.) como del cultivo nos habla de la domesticación de lo salvaje, de la capacidad productiva, del dominio de la cultura y de la apropiación de la naturaleza como mercancía. Una exhibición de las virtudes del consumo, del triunfo de la sociedad burguesa, del poder económico y mercantil de una economía capitalista como la holandesa del S. XVII, que estaba cínicamente sustentada en el comercio de esclavos[9].

 

3 / La dépense

La relación que Greta Alfaro establece en El cataclismo nos alcanzara impávidos entre martirio, aceptación, deseo y producción de bienes genera numerosas preguntas en torno a “el modo en que el poder se hace amar”.[10] ¿Existen unos lazos libidinales que establezcan una sujeción voluntaria al poder disciplinario? Si el deseo está en el núcleo de este sometimiento social, ¿cómo actúan ahí el consumo y el espectáculo?

La irrupción de “el perpetrador” en El cataclismo… como acción humana sobre la naturaleza y la producción, generada por la frustración y el deseo frenético y sin sentido, puede remitir a dos ideas de Bataille: La dépense (el derroche, el gasto improductivo) [11] y “lo heterogéneo”. El derroche, el gasto improductivo, como un comportamiento soberano, emancipado de su función, de cualquier interés utilitario, está tanto en la idea subversiva, como en la ostentación del lujo y en la perversión erótica. Lo heterogéneo en Bataille, según Habermas,[12] es aquello que se resiste a las formas de vida burguesa, heterogéneo sería: la embriaguez, la ensoñación y lo pulsional, que combaten las normas dictadas por la convención; los parias, los dementes, los alborotadores, los revolucionarios o los poetas, pero también el fascismo, que se nutre de las formas de vida afectiva.

Pero cuando se desean, producen, consumen y desprecian más productos que nunca, cuando se escinde a la multitud porque el mundo soñado es ya solo una conquista privada y está dedicado a ti especialmente…  ¿no están entonces plenamente incorporados lo heterogéneo y el dispendio en la mecánica destructiva del consumo enloquecido?, ¿no ha perdido el gesto provocador su capacidad transgresora asumido como una celebración del sistema?, ¿la noción de exceso no se realiza plenamente en la acumulación de mercancías? Como dice Klossowski “el ritmo acelerado de la fabricación debe prevenir continuamente en sus productos la ineficacia, contra lo que no tiene más recurso que el despilfarro”.[13]

 

4 / La catástrofe y la indiferencia

Ante la catástrofe, asistimos a la destrucción como testigos[14], como esas dos figuras al fondo de la imagen, que contemplan y difunden una realidad siempre mediada, condicionada por dispositivos tecnológicos interpuestos entre la vida y su percepción. Dispositivos para formar parte de la cadena de consumo. Testigos como “terceros”, como si esto no fuera con nosotros. Como explica Agamben[15] en latín hay dos palabras para referirse al testigo. La primera, testis, que sería etimológicamente aquel que se sitúa como tercero (terstis) en un litigio entre dos contendientes. La segunda, superstes, que se refiere al que ha vivido una determinada realidad y está, pues, en condiciones de ofrecer un testimonio.

Simultáneamente dominados, sumisos al poder por el deseo, y sometedores, quizá ni siquiera tengamos ya esa condición de testigos. Indiferentes a la destrucción del mundo y al dolor de los demás, insensibles ante el apocalipsis: Auschwitz, Hiroshima-Nagasaki, las guerras interminables, la industria mundial de la muerte, el calentamiento climático, el agotamiento de los recursos, el colapso ambiental… el conocimiento de la amenaza es ignorado como amenaza. Para Günther Anders,[16] que habla de una “ceguera ante el apocalipsis”, estamos en punto ciego en el que no vemos que no vemos; producto del “desfasamiento” entre nuestra capacidad de fabricar y nuestra incapacidad de percibir los efectos de nuestras fabricaciones, y del empeño en confundir lo que podemos hacer con lo que debemos hacer.

 

Epílogo

Escribe Bataille[17] “La moral de Sade, según Maurice Blanchot, «se funda en el hecho primario de la soledad absoluta. Sade lo dijo y repitió de todas las maneras; la naturaleza nos hizo nacer solos, no hay ningún tipo de relación entre un hombre y otro. Así pues, la única regla de conducta es que yo prefiera cuanto me afecta felizmente y que no me importe nada cuanto de mi preferencia pueda resultar perjudicial para el otro. El mayor dolor de los demás siempre cuenta menos que mi placer. No importa que tenga que comprar el más insignificante goce con un inaudito conjunto de fechorías, ya que el goce me halaga, está en mí, mientras el efecto del crimen no me afecta, está fuera de mí».

 

Creo que la inquietud que expone irónicamente El cataclismo… no es ni sobre la naturaleza, ni sobre la naturaleza del hombre, sino sobre lo que a la naturaleza y a la naturaleza del hombre les supone estar sometidos a la acción del hombre mismo. La situación representada en El cataclismo nos alcanzará impávidos es extraña, desconcertante, como lo son los hechos sociales y de la historia radicalmente injustos, aquellos que evidencian el dominio y la incomprensión de unos hombre hacia otros y que resultan, verdaderamente, difíciles de entender.

 

Nacho Paris

 


[1]Hominem te esse cogita: sentencia emblemática que acredita toda una posición dialéctica inversa al lema cartesiano Cogito ergo sum.

[2]Si fractus illabatur orbis / impavidum ferient ruinae  (Horacio, Odas III, 3,7-8) vendría a decir: “si el mundo entero se desplomara en pedazos, las ruinas le alcanzarán impávido”, o destruyendo la concisión latina, para captar mejor su sentido, “Aunque, hecho pedazos, el mundo entero se desplome sobre él (el hombre justo) las ruinas le herirán sin hacer mella en su ánimo”. Agradecemos a Tomas Pollán la traducción y los comentarios a la traducción de estos versos que aquí hemos debido exponer tan someramente.

[3]La leyenda de Santa Anastasia, que cuenta el arrebato concupiscente de un prefecto romano en una cocina ante la negativa a su deseo de tres jóvenes cristianas, puede consultarse en: De la Vorágine, Santiago. La leyenda dorada, Madrid, Alianza Forma, 2008.

[4]Pronkstilleven: Bodegón lujoso en el que destaca la presencia de objetos ostentosos.

[5]Por más que se haya rebatido, la interpretación sigue constreñida a una correspondencia con la intención del autor. Este texto ofrece una determinada perspectiva, una sola de las posibles lecturas de una obra polisémica. Al respecto de las relaciones entre intención del autor e interpretación puede consultarse: Curry, Gregory. “Interpretación y pragmática”  Artes & mentes, Madrid, Machado, 2012.

[6] Bien desde análisis más formales o historicistas, que restringen el barroco a su expresión artística o a un tiempo determinado, o en oposición, aquellos que lo piensan desde una perspectiva de retorno o de resonancia contemporánea y que lo analizan en un sentido mas amplio. La nómina de autores es extensísima: Buckhardt ; Wölfflin; Weisbach; Worringer; Riegl; Nietzsche; Bergamín o la Generación del 27 (en la reivindicación de determinados autores como Góngora o Lope de Vega); Benjamin; D ´Ors; Lezama Lima; Carpentier; Echevarria; Sarduy;  Ortega; Lacan; Deleuze; Calabrese; Buci-Glucksmann; Buck-Morss; Bifo…

[7] Cornago Bernal, Óscar. Nuevos enfoques sobre el Barroco y la (Pos)Modernidad, Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, 2004.

[8] Al respecto se puede consultar: Maravall, José Antonio, La cultura del Barroco, Barcelona, Ariel, 1975.

[9] Ver: Buck-Morss, Susan. Hegel y Haití. La dialéctica amo-esclavo: una interpretación revolucionaria, Buenos Aires, Norma, 2005.

[10] Legendre, Pierre. El amor del censor: ensayo sobre el orden dogmático, Barcelona, Anagrama, 1979.

[11] Bataille Georges. “La noción de gasto” La parte maldita, Icaria, Barcelona, 1987.

[12] Habermas, Jürgen. El discurso filosófico de la modernidad, Taurus, 1989.

[13] Klossowski, Pierre. La moneda viva, Valencia, Pre-Textos, 2002.

[14] La palabra mártir del latín eclesiástico martyr derivación del griegos μάρτυρας (martyros) que significa testigo; aquel que daría testimonio de su fe al ser torturado.

[15] Agamben, Giorgio. Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. HOMO SACER III, Valencia, Pre-Textos, 2000.

[16]Anders, Gúnther. La obsolescencia del hombre, Valencia, Pre-Textos, 2011.

[17] Bataille, G. El erotismo.

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