De todas las formas físicas que existen para apoyar a otros cuerpos, la voz debe de ser una de las más comunes. Así, unos cuerpos tiran de otros para ayudarlos a avanzar. Ante el hambre, las voces prevalecen. Ante el paso del tiempo, la voz se impone. Ante el trabajo, la injusticia, el amor, la envidia, la nostalgia, la instrumentalización, el dolor, la muerte, la vida cotidiana, el humor, las normas de género, la violencia o la extinción, la voz se impone. Las ballenas cantan tanto como las ovejas, las vacas tanto como los lobos. Los pájaros y los humanos cantan siempre.
«A quienes nunca cantaron, les cuesta empezar», leímos en la dedicatoria de un libro hace algún tiempo. Era una historia de amor, pero también una historia de supervivencia. Más o menos. En medio de este proverbio, encontramos elementos clave de nuestro trabajo: desaparición, esperanza, voz, canto. Fue tras reflexionar sobre las brechas entre estas palabras cuando, de repente, la lengua gallega, el canto de las aves, el fascismo, los tótems de virilidad, la demencia… todo ello apareció entrelazado en el mismo mito de origen, en la misma nana. Pensamos que el imperialismo y la extinción estaban llenos de silencio, mientras que la resistencia a ellos estaba llena de canto:
Cantan las madres junto a las cunas
Cantan las trabajadoras en las calles y los campos Cantan los petirrojos en sus nidos
Cantan los ancianos a los jóvenes
Cantan los vivos a los muertos
Canta el amante a su amante
Cantan los desesperados
Cantan les esperanzades
Cantan las iracundas
Cantan las gemelas
Cantamos todes, para matar el tiempo
Cantamos, ante todo, para luchar contra la muerte, para acercarnos a las demás, para sobrevivir. Cantamos porque otras han cantado antes y para que otras canten después, porque lo que enseña una canción no es otra cosa que la capacidad de llamar a las demás, de imitarlas, de entretenerlas e incluso de invocarlas; la habilidad de encontrar y brindar consuelo, además de la maravillosa habilidad de cambiar. La voz y el lenguaje en todas sus formas son puentes entre cosas distantes, un lugar donde se crean los mundos y los híbridos que los habitan. Que esto sea una invitación a contar y a cantar el mundo de forma que la vida de las demás sea tan importante, tan sagrada, tan compleja e imprescindible, como la de una misma.